viernes, 21 de febrero de 2014

Equipaje de mano

A mucha gente le gustaría tener poderes. Él siempre pensaba lo divertido que sería poder leerle la mente a la gente, volar o volverse invisible. Esos otros poderes como ser más fuerte o lanzar fuego no eran para él. Necesitaba una habilidad más sutil, acorde con su personalidad perfeccionista y controladora, obsesionada con conocer a los demás. Siempre había deseado ser capaz de desentrañar a una persona con solo mirarla a los ojos. Conocer sus defectos, sus carencias y sus puntos fuertes. A ellas tenía más interés en desnudarlas por dentro que por fuera. Era su fetichismo. El sexo estaba bien, pero conocerlas más de lo que ellas se podrían conocer era lo que de verdad le ponía en una chica. Cualquiera podía follar, era un hecho, bien o mal; es algo que todos pueden hacer. Pero conocer a alguien más de lo que se conoce a sí mismo llevaba más tiempo. Había que calcular todos los pasos que daba y era como una auténtica partida de ajedrez, en la que a veces tenía que sacrificar una pieza, un secreto suyo; para conocer el de ella. Todo el mundo tiene un fetichismo enfermizo y el de él era ese.

Tanto deseaba poder conocer a la gente que una mañana se despertó y empezó a verla de otra forma. Con todo el mundo, veía como llevaban una mochila, un bolso o una maleta. A veces era grande, a veces era más pequeña. Pero siempre veía algo que los demás no. Podía ser un simple bolso de mano, o un cargamento entero que era arrastrado por esa pobre alma con cadenas atadas a su cuello, sin que pudiera percatarse. En esos sacos, maletas o lo que fuera; estaba todo el equipaje que llevaban dentro. Sus secretos, sus vergüenzas, sus penas o sus defectos. Las personas que llevaban un simple bolso de mano estaban vacías. No tenían taras ni problemas, pero eran planas y sin inquietudes. Las que llevaban un cargamento eran complicadas, difíciles y peligrosas. En las chicas, eran el tipo mujer que arrastraría a uno a una espiral de emociones peligrosas y sentimientos encontrados. Dudas y tristeza a la larga.

Pero todo poder y todo superhéroe tienen su punto débil. En su caso, probablemente algo que mejor nunca hubiera visto. En su caso eran los espejos. Al verse reflejado en uno por completo, veía el equipaje que le acompañaba. Una bolsa de tela, atada en la cintura y no más grande que un puño. Algo prácticamente vacío, que solo mostraba a alguien obsesionado por conocer a los demás porque poco se podía llegar a conocer a sí mismo. Porque no había nada que conocer.

viernes, 7 de febrero de 2014

Problemas de memoria

Cada imagen se amontonaba en su cabeza como algo pasado. Los recuerdos de algo pasado, que por más que quisiera no podía revivir. Con cada fotograma de su memoria podía evocar no solo sus propias emociones sino también las sensaciones que acompañaban a esos recuerdos. De manera efímera, podía casi volver a vivir cada recuerdo.

Pasarse horas y horas contemplando la pared de su cuarto mientras trata de revivir un pasado que con cada proyección era menos sentido. Las sensaciones se desvanecían cada vez más y los sucesos cambiaban hasta deteriorarse completamente. La esencia de sus recuerdos mutaba progresivamente mientras los observaba delante de esa pared. Con cada revisión se envilecían y adquirían un significado perverso y triste que se reflejaba progresivamente cuando una lágrima comenzaba a resbalar por su mejilla. Con el tiempo, las historias que había vivido ya no eran las mismas que recordaba ella.

Con el paso de ese tiempo su cara palideció, pero sus ojos enrojecieron con lágrimas que caían por un rostro atrapado en una única expresión de amargura y corroído por dentro al haber destrozado cada recuerdo bonito que conservaba. Había envenenado su propia memoria al recordar demasiado.

Una ruptura y días recordando delante de la pared de su cuarto dieron lugar a una persona capaz de aniquilar todo lo hermoso que acababa de vivir. Ella fue feliz mientras duró esa historia. Ahora no podría volver a serlo, puesto que la había contaminado hasta lo más profundo.

Esa era la maldición de aquella chica, pensar demasiado.